Revista Vida
martes 9 de mayo de 2017, 12:43

Una historia esférica

Es la herramienta infaltable en el fútbol; y como todo objeto de uso continuo, la pelota ha ido evolucionando junto a otros elementos del popular deporte. Repasamos la historia del esférico desde sus comienzos, cuando era confeccionado con cuero natural, hasta la actualidad, en la que predominan los materiales sintéticos en su fabricación.

La pelota se escapó, picando, del grupo de gente que estaba disputando su posesión, y un niño salió corriendo detrás. Cuando estaba por tomar el balón, un soldado le propinó un rodillazo y se quedó con la esfera. Indignado, el padre del niño sacó un puñal y acuchilló al gendarme. La violencia en el fútbol se había cobrado una de sus primeras víctimas.
Este relato, ficticio, fue elaborado por el periodista y escritor británico Brian Glanville, quien imaginó cómo sería una escena de un partido de fútbol jugado en Londres en la Edad Media, cuando esta actividad carecía de reglamentos, la cancha era cualquier callejuela de la capital y los jugadores eran mercaderes, curas, soldados y hasta niños que se disputaban desordenadamente la propiedad de un oscuro objeto de deseo: el balón.
El nacimiento
de una pasión
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El origen de la pelota se pierde en la noche de los tiempos. Es probable que los primeros humanos hayan descubierto tempranamente el placer de patear un objeto más o menos esférico, como el cráneo de algún enemigo decapitado, por ejemplo. Los primeros registros sitúan en el siglo IV a.C., en China, el primer balón de cuero del que se tenga noticia.
Existen constancias documentales de que en todas las culturas de la antigüedad había algún elemento esférico que servía como herramienta para darle una actividad física a los soldados, o simplemente como pasatiempo para niños y adultos. La pelota más antigua conservada data de 1540 y se encuentra en Escocia, en el museo Stirling Smith.
Los primeros esféricos en realidad no lo eran, pues tenían forma elíptica y eran utilizados indistintamente tanto en juegos de fútbol como de rugby. Posteriormente, el usado en el balompié evolucionó y terminó siendo una esfera. Mientras, el de rugby se hizo más ovalado, en este caso para ser mejor manejado con las manos.
Las imágenes que datan del siglo XIX, conservadas en grabados, daguerrotipos y en las primeras fotografías, muestran un balón con gajos ahusados, dispuestos como las líneas longitudinales del globo terráqueo, rematados en círculos ubicados en los polos, si mantenemos la analogía geográfica.
Otros documentos gráficos exhiben pelotas hechas con dos gajos en forma, más o menos, de ocho, iguales a los que se utilizan, hasta hoy, para fabricar pelotas de béisbol o sóftbol. El material usado en todos los casos era el cuero crudo y las costuras eran visibles por fuera. Las cámaras del interior al principio eran hechas con vejigas de animales, las que luego fueron reemplazadas por las de caucho, a las que se les agregó una válvula para inflar el esférico.
Diseñando el futuro
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Para que la esfericidad de la pelota fuera mayor, el siguiente paso fue la incorporación de nuevos diseños de gajos. A principios del siglo XX ya se había buscado obtener el efecto deseado con el uso de los de forma rectangular; aunque lo de rectangular era relativo, porque la forma de los bordes era variable. Hacia 1930 hicieron su aparición los paneles en forma de T, una variante de los rectangulares.
Los gajos rectangulares (los llamaremos así para entendernos) prevalecieron y durarían hasta la década de los 60, cuando los paneles pasaron a ser pentagonales y hexagonales. Con la aparición de la posibilidad de iluminar los terrenos de juego, el fútbol también pudo jugarse durante la noche. En esas condiciones, el cuero crudo, de color oscuro, era casi invisible, por lo que las pelotas pasaron a ser pintadas con colores claros, de blanco, principalmente, o de amarillo.
Pero de día, los balones siguieron siendo de color natural, hasta que empezaron a ser pintados de un color ocre. Recién con la introducción de los gajos poligonales se decidió pintar de negro a los pentágonos y de blanco a los hexágonos, para que fueran más visibles para el público que asistía a los estadios y también para los espectadores de living, que permanecían en sus casas viendo los matches por televisión, otro protagonista decisivo en la evolución del esférico.
En Paraguay las pelotas tenían un diseño propio, con sus partes en forma de rectángulos con bordes redondeados, algunos negros y otros blancos, los que las hacían visibles tanto a la noche como de día.
Tendencia mundial
Donde mejor se puede apreciar la evolución del balón de fútbol es en los Mundiales. En la primera edición, en 1930, los uruguayos usaron pelotas en forma de T, con tiento, y en la final, una de las dos etapas se jugó con una pelota con paneles rectangulares; en su interior tenía una vejiga. En 1934, los italianos utilizaron su propia versión de la T. En 1938, los franceses introdujeron el uso de una válvula para inflar el esférico, fabricado con paños rectangulares. Aún se mantenía el uso del tiento.
En la posguerra, en 1950, los brasileños usaron balones de fabricación nacional sin cambios en el modelo, similar al usado en Francia, pero despareció el tiento. En el Mundial siguiente, los suizos recurrieron a las pelotas con gajos en forma de T; el cuero fue pintado de color amarillo y el número de paneles aumentó de 12 a 18. En 1958, en Suecia, la innovación pasó por el aumento de paños a 24.
En Chile, en 1962, el número de gajos —que seguían siendo rectangulares— bajó a 10, en un intento por minimizar los efectos del agua, que con cada lluvia volvía a las pelotas mucho más pesadas. En 1966 los paneles volvieron a ser 24, y los colores que los ingleses usaron para sus balones fueron el rojo amarronado, el amarillo y el blanco.
En México, en 1970, el cambio más notable fue que los paños del esférico dejaron de ser longitudinales para ser sustituidos por 12 pentágonos, pintados de negro, y 20 hexágonos, pintados de blanco. Desde entonces, este diseño pasó a ser icónico y es como se representa hasta hoy a los balones de fútbol. En 1974 se mantuvo el modelo, aunque se lo fabricó para que fuera más impermeable que el anterior.
A partir de 1978, los colores blanco y negro ya no se distribuían siguiendo la forma de pentágonos y hexágonos, sino que tenían un diseño especial, tendencia que se prolongó por las próximas Copas del Mundo. En 1982, en España, la novedad fue la utilización de una costura impermeable. Y en 1986, en México, por primera vez la pelota tuvo un revestimiento sintético.
En 1990, la impermeabilización fue total, con el uso de una capa interna de espuma de poliuretano, y en 1994, el revestimiento usado fue la espuma de polietileno y cámara de látex. Los materiales sintéticos llegaron para quedarse y en cada edición los avances tecnológicos permitieron que las pelotas mejoraran en cuanto a desempeño.
Los gajos dejaron de tener forma de polígonos en 2006, cuando fueron reemplazados por unos en forma de ocho, combinados con otros de forma irregular. En la actualidad, cada marca diseña sus propios modelos, innovando en el número y forma de paneles y en los materiales utilizados. Pero más allá de los avances tecnológicos y estéticos, la pelota sigue siendo el mejor símbolo de una pasión global.

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Contra el dolor
La característica más llamativa de los balones de las primeras décadas del siglo pasado era que se cerraban con tiento, unos cordones transversales que con el tiempo y el agua se volvían duros y filosos, lo que hacía que cabecear la pelota generalmente produjera dolorosas contusiones y hasta cortes a los jugadores. Por eso era común ver a los futbolistas de antaño jugar con vinchas o boinas.

Sin medida
El primer reglamento de fútbol asociación fue elaborado en 1863 y en él no había referencia alguna a la forma o la medida del balón. Recién en 1872 se especificó que debía tener una circunferencia de entre 27 y 28 pulgadas (de 68,58 a 71,12 centímetros) y pesar entre 13 y 15 onzas (de 368,5 a 425,2 gramos). Actualmente la circunferencia mínima es de 68 centímetros y la máxima de 70 centímetros.