Revista Vida
viernes 3 de marzo de 2017, 17:24

El rugby muestra las uñas

El rugby, un deporte identificado con la fuerza masculina, también tiene su lado femenino. Te lo mostramos en esta nota, donde las mujeres que practican el juego de la ovalada cuentan sus experiencias.

Fotos: Javier Valdez

El público aplaude el try y espera la conversión. La pierna que impulsa la pelota hacia los palos en forma de H muestra su poder y pericia. Solo que es una pierna depilada, de mujer. Aunque inusual al principio, ver a exponentes del sexo femenino luchar con fuerza por la posesión de un balón ovalado se está convirtiendo, sin embargo, en una escena corriente.
El rugby femenino se empezó a practicar en Paraguay en 2004 y ese año el seleccionado nacional de seven ya tomó parte en el sudamericano de la modalidad disputado en Barquisimeto, Venezuela. Desde entonces las albirrojas siempre estuvieron presentes en la justas continentales y solo faltaron a la de 2007.
Al principio, Paraguay solo se ubicaba en los dos últimos puestos, pero de a poco los resultados y el nivel de juego fueron mejorando. Este año, en el sudamericano jugado en Villa Carlos Paz, Argentina, el combinado compatriota obtuvo un inédito cuarto lugar, una muestra del evidente progreso de las nuestras en el deporte de la ovalada.
Más rápido, no tan furioso
El seven tiene características diferentes a las de la modalidad a 15. Las particularidades (ver recuadro), más que reglamentarias, son una consecuencia del hecho de que el número de jugadores es menor, por lo que hay más espacios para jugar, se ven más pases, más tries, menos tackles y mayor velocidad en el juego de manos. También es menos violento.
Los jugadores que integran los equipos de seven suelen ser preferentemente tres cuartos, o backs, de un equipo de 15, ya que estos son más livianos y veloces que los forwards. Incluso en los scrums no participan los pilares ni los hookers tradicionales, es decir, los forwards más altos y más pesados.
Debido a estas características, el seven es ideal para que lo practiquen las mujeres. Pero a no confundirse, a pesar de que es más ágil y menos violento que la modalidad a 15, el rugby de siete jugadores sigue siendo un deporte de contacto y de fuerza, en el que la agresividad siempre está a flor de piel, porque el juego lo exige.
Entre las mujeres no es diferente, y si bien ellas no tienen la misma fuerza que sus colegas masculinos, la intensidad de su juego es la misma. ¿Pero pierden femineidad las damas rugbistas? Se lo preguntamos a tres jugadoras de este deporte: Clara Ferreira (24), Camila Olmedo (24) y Alejandra Acosta (25). Todas coinciden en que dentro de la cancha pueden ser tan agresivas como los hombres, pero fuera de ella son tan femeninas como cualquier otra mujer.
"Cuando termina el partido me saco los botines y me pongo los zapatos con taco", afirma Alejandra. Clara y Camila también están de acuerdo en que apenas dejan la cancha, vuelven a ser mujeres "normales". A una voz aseguran que no por jugar rugby han perdido femineidad.
Tampoco, resaltan, su condición de jugadoras es un obstáculo a la hora de buscar pareja sentimental. "Al contrario", dice Clara, que sostiene que practicar este deporte le dio mayor oportunidad de conocer gente, un parecer compartido por Camila.
Alejandra agrega que una mujer rugbista genera un plus de interés en una eventual pareja. "Eso sí, creo que me voy llevar mejor con alguien que sea rugbier porque en ese caso también estaríamos compartiendo el amor por este deporte", agrega.
Cómo son vistas
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La reacción de la gente suele ser la misma cuando cuentan que juegan rugby, aseveran las tres. "¿No te lastimás?", es la pregunta invariable, que casi siempre viene acompañada de una apertura mayor de ojos. Sin embargo, nunca recibieron mala onda de parte de los demás y, por el contrario, sus familiares, amigos y compañeros de trabajo no dejan de apoyarlas en su actividad.
En el caso de Camila, su padre creyó que estaba bromeando cuando le anunció que iba a jugar al rugby. Pero cuando vio que la cosa iba en serio, no dudó en respaldar la decisión de su hija, sin objeciones. Y en general las reacciones siempre fueron positivas al momento de hacer pública su determinación.
Un aspecto que llama la atención en el caso de las mujeres rugbistas es que no provienen, en su mayoría, de estratos sociales de nivel económico elevado, como sí ocurre con sus colegas masculinos. Alejandra, Camila y Clara confirman que esta presunción es correcta y añaden que dicha particularidad se repite en todos los clubes.
Gustavo Borgognon, presidente del San José Rugby & Hockey Club, dice que la razón de esta realidad es que el rugby es un deporte caro. "Se le considera elitista porque los jugadores provienen de un sector con ingresos elevados, necesarios para poder solventar los gastos que implica dedicarse a este juego", afirma.
El directivo explica que cada atleta tiene que comprar la camiseta, el pantaloncito, los botines y gastar en transporte para acudir a los entrenamientos. Además, los gastos en salud, para el tratamiento de las lesiones, corren por cuenta de cada uno, sin olvidar que deben pagar una cuota social, que suele ser elevada, y cubrir los pasajes en caso de una gira por el exterior.
Pero en el caso de las chicas, el escenario es distinto. Cuando surgió la posibilidad de que el rugby seven se volviera deporte olímpico, una de las condiciones exigidas por el Comité Olímpico Internacional (COI) fue que debía ser practicado por hombres y mujeres, lo que obligó a que los clubes incorporaran una sección femenina.
También desde la International Rugby Board (IRB), entidad que rige este deporte, se venía estimulando la incorporación de jugadoras en los clubes de rugby. En nuestro país, la Unión de Rugby del Paraguay (URP) convirtió en obligatoria la condición.
Borgognon cuenta que a partir de entonces los clubes empezaron a interesar a las mujeres en la práctica del rugby, y para facilitarles el ingreso se hicieron cargo de algunos de los gastos que implica asociarse a una institución. Entre las medidas adoptadas estaba la de regalarles las camisetas, lo que hizo que personas que no estaban en condiciones de costearse la vestimenta se acercaran a las entidades.
Hoy, la URP está analizando la posibilidad de eliminar la obligatoriedad de contar con una sección femenina, habida cuenta de que ya no se necesita apelar a medidas de estímulo para reclutar interesadas. Y esta es una realidad que no parece tener una marcha en reversa.
Para la vida
Para jugar al rugby no es necesario poseer algún tipo especial de físico, pero sí hay que estar en buena forma, explican Clara, Camila y Alejandra. Las tres deportistas aseveran que el entrenamiento es fundamental para dedicarse a esta actividad. "Tenés que aprender a recibir un tackle y también a taclear, para no lastimarte; y eso se adquiere con la práctica constante", resaltan.
Cada una de ellas llegó a este deporte por su propio camino. Clara lo juega hace dos años; antes practicaba fútbol, hándbol, vóley y básquet, hasta que una vez asistió a un partido de rugby y se enamoró de eĺ; a la semana ya estaba entrenando. Camila juega desde los 17 años y se entusiasmó cuando lo vio jugar en la playa; Alejandra, quien lleva dos años en este juego, llegó a él cuando asistió a un partido y el entrenador de uno de los equipos la animó a jugarlo.
Todas ellas recomiendan a los jóvenes practicar rugby. Para Clara, se trata de un vicio que se apoderó de ella y asegura que este deporte "es una droga buena que te aleja de las drogas malas". Confiesa que ser rugbista le dio mayor seguridad en sí misma y para afrontar la vida con decisión, "siempre de frente, sin retroceder".
"En el rugby se ve cómo sos en tu vida. Tu vida se nota en cómo jugás", añade, y su pensamiento es similar al de Camila, para quien el rugby otorga disciplina, compañerismo y fuerza, virtudes que se transmiten a su vida personal. Alejandra agrega que este deporte le permite tener una mayor concentración en sus actividades laborales y en perseguir sus objetivos sin flaquear.
La experiencia de jugar en otros países es parte de las expectativas y las esperanzas de este trío de vencedoras. Pero si eso no se concreta, van a seguir jugando en sus clubes hasta que el físico lo permita. Y piensan transmitirles a sus hijos la filosofía del deporte y las ganas de practicarlo. Razones superpoderosas para acercarse al rugby, abundan.

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Los ocho principales
Los clubes que disputan el Súper 8, la primera división de la URP son: Asunción, Cristo Rey, Curda, Luque, Old King, San José, Santa Clara y UAA. Todos ellos tienen una sección femenina, al igual que la mayoría del resto de los clubes de Asunción, el Área Metropolitana y el interior.

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Mundial y olímpico
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El seven femenino tenía su propio mundial, que empezó a disputarse en 2001. Este deporte forma parte de los Juegos Olímpicos desde Río 2016, competición que toma el lugar de las citas mundiales, cuya última edición se jugó en 2013.

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Presencia casi perfecta
Las Yacarés (el seleccionado nacional femenino de rubgy) asistieron a los juegos sudamericanos de 2004, 2005, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015, 2016 y 2017. En este último obtuvieron, por primera vez, el cuarto lugar. Solamente estuvieron ausentes en la edición de 2007. En 2006 no hubo competencia de la modalidad a nivel continental.

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Reglas del seven
El rugby a 7, seven-a-side, o simplemente seven, es una modalidad de rugby en la que los equipos están conformados por siete jugadores (en lugar de 15) por lado.
La cancha es la misma que en la modalidad a 15 y en general las reglas no varían con respecto a su versión más numerosa. La mayor diferencia entre ambas, aparte de la cantidad de jugadores, es que en vez de dos tiempos de 40 minutos, cada partido dura 14 minutos, dividido en dos etapas de siete minutos cada una, con un intervalo de un minuto. Los partidos finales pueden durar hasta 20 minutos, con dos tiempos de 10.
El sistema de puntuación es el mismo, pero en el seven la conversión del try se hace con un drop (se arroja la pelota al suelo y se patea luego del primer bote). Los scrums se forman con tres jugadores, no con ocho como en el rugby a 15.