Opinión
lunes 17 de abril de 2017, 02:00

Areguá sin Casaccia

Sergio Cáceres Mercado - sergio209@lycos.com

Esta Semana Santa volvimos luego de varios años con mi familia a elegir a Areguá como lugar de descanso. Estuvimos en un bello hotel regenteado por unos franceses, situado en el hermoso verdor de Isla Valle. La pasamos muy bien, y lo único negativo fue el medio kilómetro de camino de tierra horrible que había que atravesar cada vez que íbamos a visitar el centro histórico. Es que los franceses y los pocos aregüeños de la zona no han logrado hasta ahora que el empedrado pase por la zona.

Areguá es merecidamente la capital del Departamento Central. Ya no recuerdo qué argumentos se esgrimieron para que su candidatura se sobrepusiera por sobre otras ciudades vecinas, pero sin dudas fue una acertada elección. Arte y artesanía conviven en armonía, rompiendo muchas veces la frágil diferencia que los separa. Sin duda la artesanía en cerámica es la reina, llenando de colores y tradición varias cuadras del centro turístico.

Claro que Areguá es también muchas cosas más. Es el lago, que da esperanzas de recuperarse; son las vetustas casonas que nos hablan de una rica historia; es su imponente iglesia; es cada rincón de pura naturaleza; es su hospitalaria gente. Pero también es, en especial para aquellos que gustamos de la literatura, el lugar donde vivió Gabriel Casaccia; gracias a él Areguá es la única ciudad del Paraguay que tiene presencia en varias novelas y cuentos. Ninguna otra comunidad recibió tal honor, pues en el caso de Augusto Roa Bastos se mencionan varias ciudades del Guairá, pero ninguna tiene preponderancia sobre la otra.

Si la Santa María, de Juan Carlos Onetti; o el Macondo, de Gabriel García Márquez, existieran es seguro que en tales poblados a estas alturas encontraríamos algún lugar dedicado a homenajear a sus respectivos escritores. Areguá, tan real y varias veces centenaria, no tiene nada que ofrecer al que quiera saber más de su escritor, a excepción de la misma placa de siempre, la calle con su nombre y el monumento de Hermann Guggiari en el cementerio. Peor es nada.

Si algo tiene Areguá, son hermosas casonas, incluso está en pie aquella donde vivió el autor de Los exiliados, pero solo una placa lo recuerda. Varias casonas fueron recuperadas para el turismo, pero ninguna para su memoria. Los artesanos tienen su casa, muy merecidamente por cierto; la Secretaría de Cultura de la Municipalidad también, así como la Gobernación, pero nada para el autor que inmortalizó en las letras a la ciudad. Casaccia es conocido más allá de las fronteras del Paraguay, y si un turista lector llegase a la ciudad se sorprenderá al saber que no hay nada especial para ilustrar sobre el narrador.

¿Es realmente difícil que la Municipalidad y la Gobernación rescaten al menos una pieza, de las tantas casas culturales que existen y le dediquen a la figura y obra de Gabriel Casaccia? Un lugar donde se expongan sus obras, donde se cuente su vida, donde se explique su literatura. Casaccia, los aregüeños y el mundo de la literatura se lo merecen.

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